Publicado el Deja un comentario

Una historia de amor entre estrellas

¿Qué tienen las estrellas que nos hacen quedarnos mirando al cielo durante horas? Son misteriosas, hipnóticas y desde tiempo remotos han ayudado a los más aventureros a encontrar su camino en la oscuridad.

Talismanes, jeroglíficos, simbología astrológica o amuletos encierran un misterio y poder muy interesante.

La Estrella de cinco puntas es conocida también como pentáculo, pentagrama, pentalfa entre otros, y dentro de los misterios de la Biblia es relacionada con la manzana de Adán. Es curioso observar como cuando cortas una manzana de forma transversal por el centro aparece una estrella de 5 puntas que forman la cavidad de sus semillas.

Pero de entre todas las historias mitológicas que se narran acerca de las estrellas, hoy nos quedamos con una muy especial; una historia de amor entre dos estrellas.

Cuenta una leyenda japonesa que Orihime ( la Princesa Tejedora) era la hija de Tentei (el Rey Celestial). Orihime tejía telas espléndidas a orillas del río Amanogawa ( la Vía Láctea). A su padre le encantaban sus telas, y ella trabajaba duramente día tras día para tenerlas listas, pero a causa de su trabajo la princesa no podía conocer a alguien de quien enamorarse, lo cual entristecía enormemente a la princesa.

Preocupado por su hija, su padre concertó un encuentro entre ella y Hikoboshi,un pastor que vivía al otro lado del río Amanogawa. Cuando los dos se conocieron se enamoraron al instante y, poco después, se casaron.

Sin embargo, una vez casados Orihime, comenzó a descuidar sus tareas y dejó de tejer para su padre, al tiempo que Hikoboshi prestaba cada vez menos atención a su ganado, el cual terminó desperdigándose por el Cielo. Furioso, el Rey Celestial separó a los amantes, uno a cada lado del Amanogawa, prohibiendo que se vieran.

Orihime, desesperada por la pérdida de su marido, pidió a su padre el poder verse una vez más. Su padre, conmovido por sus lágrimas, accedió a que los amantes se vieran el séptimo día del séptimo mes, a condición de que Orihime hubiera terminado su trabajo. Sin embargo, la primera vez que intentaron verse se dieron cuenta de que no podían cruzar el río, dado que no había puente alguno.

Orihime lloró tanto que una bandada de urracas vino en su ayuda y le prometieron que harían un puente con sus alas para que pudieran cruzar el río. Ambos amantes se reunieron finalmente y las urracas prometieron venir todos los años siempre y cuando no lloviera. Cuando se da esa circunstancia, los amantes tienen que esperar para reunirse hasta el año siguiente.

Este mito es la explicación de un fenómeno que se aprecia por esas fechas, en el que las condiciones lumínicas hacen que se atenúe el brillo de la Vía Láctea, pareciendo que se tiende un puente entre ambas estrellas.

Joyería Gordillo rinde homenaje a esta historia de amor entre estrellas con nuestra colección en oro rosa de joyería minimal Orihime. Joyas para llevar a diario con cualquier estilo urbano.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

 

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.